Cuando pensamos en cuidarnos, el rostro suele concentrar toda nuestra atención. Aplicamos cremas, utilizamos protección solar y buscamos tratamientos para mejorar su aspecto. Sin embargo, hay otras zonas que también cambian con el paso del tiempo y que a menudo quedan fuera de nuestra rutina: las manos, el escote, los lóbulos de las orejas y la parte superior de las rodillas.
Las manos: siempre expuestas
Las manos nos acompañan en cada gesto y están expuestas al sol, al lavado frecuente y a múltiples agentes externos. Con los años pueden aparecer manchas, cambios de textura y pérdida de volumen, haciendo más visibles tendones y venas.
Según qué aspecto queramos mejorar, podemos valorar tratamientos dirigidos a la pigmentación, a la calidad de la piel o a recuperar volumen. La elección exige un diagnóstico previo: no todas las manchas son iguales ni todas las manos necesitan el mismo abordaje. La hidratación y la protección solar forman parte esencial de sus cuidados. Para mejorar la pigmentación y tras un diagnóstico dermatológico podemos utilizar IPL o láser adecuado. Para la calidad de piel y recuperar volumen, el ácido hialurónico o estimulador de colágeno son grandes aliado.
El escote: prolongar los cuidados más allá del rostro
Muchas veces, nuestra rutina termina en la mandíbula. El escote, en cambio, acumula exposición solar y puede presentar manchas, arrugas finas y pérdida de elasticidad.
Extender los cuidados diarios a esta zona es un buen comienzo. Cuando buscamos mejorar alteraciones ya presentes, pueden valorarse opciones como determinados tratamientos con luz, láser o técnicas de renovación cutánea, siempre adaptadas al tipo de piel y al problema concreto. La protección solar ayuda a prevenir nuevos daños y a mantener los resultados.
El lóbulo de la oreja: un pequeño detalle
El lóbulo también puede perder volumen y mostrar arrugas. En algunos casos, además, el orificio del pendiente se alarga y cambia la forma en que se apoya la joya.
El relleno con ácido hialurónico puede ser una opción para mejorar el volumen y el contorno en pacientes seleccionados. Eso sí, un lóbulo rasgado o un orificio muy dilatado puede requerir una corrección quirúrgica: el relleno no resuelve todas las situaciones.
La parte superior de las rodillas: atender a la flacidez
La piel situada por encima de las rodillas puede presentar pliegues y pérdida de firmeza. Antes de plantear un tratamiento, debemos distinguir entre flacidez cutánea, exceso de piel y acumulación de grasa.
En casos seleccionados, tecnologías como la radiofrecuencia como ‘Thermage FLX’ pueden aportar una mejoría gradual y moderada de la firmeza. Es fundamental ajustar las expectativas al estado de la piel y en ocasiones se requiere la inyección de estimulador de colágeno en la zona.
En Esthetic BCN apostamos por unir formación, tecnología y criterio médico. Mi recomendación es sencilla: ampliar nuestra mirada y diseñar un plan personalizado, con objetivos realistas, que nos ayude a cuidar también esas zonas que solemos olvidar.









